«Al rey la hacienda y la vida se ha de dar, / pero el honor es patrimonio del alma, / y el alma solo es de Dios». En estos versos de Pedro Crespo —los más conocidos de la obra y tal vez de todo el teatro español— se cifra el sentido más evidente del drama calderoniano: la defensa de la dignidad del hombre frente a los poderes o las diferencias sociales, válido para todas las épocas y territorios. Quizá esta haya sido la razón principal, entre otras de carácter poético y dramático, que ha hecho de ella un hito indiscutible del teatro universal. A pesar de su complejidad, de los múltiples problemas que bullen, como es normal en las manifestaciones artísticas que superan el tiempo y el espacio y se convierten en clásicas, es clara la reivindicación de ese principio universal, que hoy —en que el término “honor” nos dice poco— podemos identificar con los derechos humanos. Su poderosa acción y sus versos esenciales serán rememorados en esta ocasión por cinco grandes actores, que ya han encarnado a los mismos personajes en algunos de los montajes de la obra más relevantes de los últimos años.
Pedro Crespo: Arturo Querejeta
Isabel: Blanca Izquierdo
Juan: Javier Bermejo
Lope de Figueroa: Joaquín Notario
Álvaro de Ataide: Ernesto Arias
Guion y narración: Emilio de Miguel
Piano: Sandra Bertolini
Selección y dirección musical: Javier San José